miércoles, 14 de marzo de 2012

¡¿Mía?!



   Nunca había vomitado a causa de Mía.
   Hasta hoy.


   Me desperté esta mañana con la regla y he pasado el día de culo. He intentado ir al gimnasio, pero me he tenido que marchar: me encontraba realmente mal. ¿Y qué he hecho? Sentirme frustrada y mal y comprar una caja de donnettes y una porción de pizza e irme a casa.
   Obvio que me lo he comido. Mi yo gorda pestosa quería un caprichito. Cerda. Me odio.


   Y al terminar el último pedazo de comida ya me ha entrado la culpa de forma instantánea. Y he empezado a dar vueltas por el salón, por sentirme así de mal. Y lloraba. Y el timbre ha sonado: mi pareja llegaba del gimnasio. Y... le he abierto la puerta y me he ido a vomitar. Delante suyo.
   No ha hecho falta nada más que pensar en cuánto me iba a engordar todo eso para hacer que la comida volviera...
   Delante de mi mujer.


   Y me quiero morir.


   Y me odio.


   Y tengo miedo.


   Y me siento tan y tan sola...




 
   "Dejé la luz a un lado, y en el borde
   De la revuelta cama me senté,
   Mudo, sombrío, la pupila inmóvil
             Clavada en la pared.
    ¿Qué tiempo estuve así? No sé; al dejarme
   La embriaguez horrible del dolor,
   Expiraba la luz, y en mis balcones
              Reía el sol.
     Ni sé tampoco en tan horribles horas,
   En qué pensaba o qué pasó por mí;
   Sólo recuerdo que lloré y maldije,
   Y que en aquella noche envejecí."


                                   G.A. Bécquer
        (el boceto es mío, lo he hecho intentando relajarme)

martes, 13 de marzo de 2012

¿Quién no ha tenido nunca miedo a sufrir?


   ¿eh?
   
   Ana volvió a mi vida después de haberse marchado por largo tiempo. Y volvió sin más. 
   
   Al principio estaba muy contenta: VOY A ADELGAZAR. Y sí, es cierto, acabaré perdiendo peso y volumen, pero esta no es la cuestión.
   La cuestión es que Ana ha vuelto y con ella ha vuelto la conducta obsesiva y compulsiva. También la paranoia y la lucha constante de poderes entre cuerpo y mente.
   Y no es que no supiera de antemano que esto iba a pasar, es solo que no lo recordaba tan intenso. 
   Ocupa todo mi puñetero día, hora a hora, minuto a minuto, sin segundo de descanso.


   
   Además, es cierto que estoy gorda. Pero tampoco ayuda que tus amigos, tu hermano, tu madre, tu suegra, tus tías, tu otro primo y hasta algún que otro conocido te pregunte si has pillado algún quilo de más o que te comenten que se te ve muy "lozana".
   Y sí, es cierto también, me abandoné y no cuidé del cuerpo al que tenía acostumbrado a todo el mundo justamente por ser Ana...


No metáis más presión, carajo!!


   En realidad, medicamente, si pierdo 2 quilos más, por mi constitución, estoy dentro de mi peso perfecto. Todo el "exceso de peso de más es puro músculo. Músculo que tendré que cargarme si quiero bajar de peso.
   Siendo Ana seguramente perderé 15. Que es como todo el puñetero mundo dice que se me ve maravillosa... Claro, sin saber por lo que paso, por lo que sufro. 
   Es muy gracioso, en realidad: los mismos que se ríen de mi por ser gorda (sin "técnicamente" serlo), son los que más sufrirían por saber que soy anoréxica.
   La vida es, de irónica que llega a ser, macabra y divertida.




   Ya estoy pudiendo comer mucho menos que al principio. Es imposible dejar de comer de golpe. ¿Los ayunos? Inviables... Pero  ya como raciones muy pequeñas de alimentos que a su vez son muy poco calóricos y muy sanos. 
   Además, hago mucho ejercicio. No hay día que no le dedique 1.30h. Con sesiones de entrenador personal incluidas. Y voy al trabajo en bicicleta. Y hago 3 horas semanales de yoga. Y he retomado mi pasión por bailar a todas horas.
  


   Estancarse en no bajar es una mierda. Me dijo mi dietista que se debe al cambio de alimentación, al haber dejado de fumar y el haber empezado a hacer deporte.
   Para mí es el máximo desanimo. ¿Para qué pasarlo mal si no bajo una mierda? Era la mejor excusa que tenía para pegarme atracones.
   Ahora, un mes y medio más tarde ya va mucho mejor. Ya no estoy estancada. Entre ayer y hoy hay medio quilo de diferencia. Y no voy a ceder en ningún atracón más: se acabó. Mi mente está más serena y siento tener el control absoluto sobre mi sensación de hambre... empiezo a disfrutarla.


   
   Y ya he bajado algo, unos 4 kg, que son como que casi nada... pero aun me andaron preguntando si había engordado. Mi cara fué un mapa, no podía creerlo, y me quedé con tantas ganas de decir tantas cosas... 
   Es posible que yo sea la culpable principal de haber enfermado así, pero son cómplices todas las personas que me  han rodeado, con las que me he criado y he crecido. Aquellos que más te quieren más te hacen sufrir
   Parecía que si la niña pequeña de la familia no era perfecta o daba al menos la imagen de serlo, toda la parafarnalia podía resquebrajarse.
   Si en el instituto no estabas buena y eras delgada eras un adefesio que no merecía sociabilizar. Me pregunto cuantas compañeras y amigas pasaban por lo mismo que yo.
   Y hoy en día, es más de lo mismo.
   Todo el mundo quiere ser y que los demás sean bellos y perfectos... Lo importante y primordial es que una chica se meta en una 34 y tenga el pelo precioso. Todo lo demás relega a un segundo plano.
   
   Este mundo que nos ha tocado vivir es muy triste.
   


   Nadie se plantea como sus palabras, sus gestos y sus miradas influencian a los demás. Nos herimos con naturalidad y no le damos ninguna importancia. No valoramos la existencia ni el esfuerzo de los demás. Solo el propio. Estamos tan absortos en nuestra forma de ir haciendo, como si fuera la única válida y con espectativas, que hemos acabado convirtiéndonos en absolutos gilipollas andantes.
   
   Y así vivimos, sufriendo y haciendo sufrir.

viernes, 9 de marzo de 2012

El Ánimo



   Hay veces en los que considero que la vida debería oler siempre a fresas y hierba recién cortada.
   El sol debería cegarme siempre al despertar. Y brillar alegremente hasta el crepúsculo, que siempre me pillaría tomando rosados cosmopolitans en un jardín cargado de farolillos de cristal de colores.
   El pelo suelto. Ondas. Colores en las mejillas. Labios sonrosados. Ir a todas partes en bicicleta.
   Vestidos de volantes con cazadoras tejanas. Decoración blanca vintage. Colores pastel. Luz.




   Otras, el mundo suda hastío. Y todo debería oler a tierra mojada, casa cerrada tiempo ha y a asepsia.
   La lluvia caería como un constante manto que todo lo cubriría. Sin poder diferencias la mañana del mediodía de la tarde. 
   La ciudad se convierte en un lienzo que muestra toda la gama de tonos grises, blancos y algún que otro azul. Algunas ventanas se verían iluminadas allá a lo lejos con luces anaranjadas.
   Calcetines que se caen. Zapatos oxford. Una parca de color verde botella.
   Recogidos de pelos encrespados con trenzas. Maquillaje de ojos ahumado corrido, dramático. Piel blanca cadáver.



   Y ambas escenas me parecen irremediablemente atractivas y deliciosas.
   Y ambas escenas son reales y ocurren, como sensaciones, en mi existencia.


   Hay veces en las hasta me asusta lo sencillo que me resulta pasar de comer.
   Otras, me es imposible parar de hacerlo.
   
   Todo está ligado al estado de ánimo.
   
   Y claro, como no, a los trastornos de éste.






   El estado de ánimo debería ser algo constante y seguido. Se pasan temporadas de mejor y peor humor. De mayor y menor autocontrol (que en mi caso determina mucho mi humor).

   El estado de ánimo no es estar feliz o estar triste, pues esto es vivir las sensaciones de los sentimientos. Es decir, una situación muy negativa, como la muerte de un ser querido nos causará dolor. El dolor generará tristeza, un sentimiento que nos acompañará durante unas horas o días. Esto son sentimientos, y esto no determinará nuestro estado de ánimo. 
   Ahora, si esta tristeza nos arrastra a una depresión y esta depresión perdura y se adapta a nuestra existencia... pasará a ser un estado de ánimo.


   Nadie vive eterna y constantemente triste, feliz, sorprendido o en un órgasmo.



  
    Lo divertido de vivir es darte cuenta de que ninguna de toooodas las personas que te rodean, incluidos tus congéneres, aquellos de los que deberías tomar ejemplo como modelo a seguir, ni los malditos profesores de primaria con esa imagen proyectada de moral inquebrantable y conocimiento absoluto del camino a seguir, ni siquiera tú mismo, es una persona equilibrada.


    Los trastornos del estado de ánimo es algo tan vigente hoy que hasta parece normal sufrirlos. "Fulanita está pasando una depresión de caballo...", "Menganito es bipolar", "Me han mandado   diazepam para dormir", y ale, aquí no pasa nada... Lo normal es estar cascado y hecho mierda. 
   Es más, si no es así, si alguien nos viene y nos dice "hey, yo soy una persona normal, satisfecha con su existecia y emocionalmente estable" no nos lo creemos y desconfiamos de esa persona: nos desagrada.


   
   
   El ritmo de vida que vivimos es muy exigente. Si no conseguimos  oler, rozar o ver de lejos la felicidad plena las personas nos frustramos. 
   Y la felicidad hoy en día es tan cara...


   Es decir, queremos ser felices. Pero no tenemos ni puta idea de lo que necesitamos para serlo.


   Da igual cuantos pares de pantalones tengamos en el armario, queremos más. Y más zapatos, y más t-shirts, y más chucherías fabulosas que nos hacen sentir únicos y fabulosos.
   

   Un teléfono ya no solo ha de servir para comunicarnos con el resto de las personas. Nos ha de dar la posibilidad de lucirnos. De mostrar nuestro poder adquisitivo y nuestra capacidad de uso.
   
   El consumismo es un problema. La gente compramos comida de plástico que no es difícil de preparar con ingredientes naturales en casa.
   Pero el problema va más allá.
   
   Cuando tenemos pareja durante un tiempo prolongado nos aburrimos y creemos que sería mejor estar sin ella. Si no tenemos pareja creemos que necesitamos estar enamorados.
   
   Las amistades deben ser como nos dictan las series de la tele. Intensas, fieles, irreales... La traición es tener apagado el móvil 3 días.

   Hemos perdido el norte con la realidad.




   Alguien nos ha estado engañando. O hemos sido nosotros que, andando perdidos como vamos nos hemos cogido a la opción más simplista de la existencia humana.

   Pero todos, en realidad estamos más que satisfechos con nuestros trastornos de ánimos, nuestra infelicidad y la apatía que sentimos por el vivir.
   Ésta, señoras y señores es nuestra forma de sentirnos vivos. 

   Pues no sabemos hacerlo de ningún otro modo.
   Nadie nos ha enseñado cómo. Y parece que pensar por nosotros mismos es demasiado duro.






   

martes, 6 de marzo de 2012

Odio

   
   las manos

   los dedos

   las uñas

   el vello de los brazos

   los sobacos

   el cuello

   las mejillas

   los puntos negros de la nariz

   las ojeras

   las arruguillas de las ojeras

   mis pechos

   la forma de los labios

   la imperfección de mis dientes

   las cejas

   el barrigón

   el vello que precede a mi vagina

   esos muslos

   las nalgas

   la celulitis

   la carne que me sobra por la espalda

   las rodillas

   las cicatrices que decoran a las rodillas

   las piernas mal depiladas

   los pies planos

   las uñas de los pies


   Hay días en los que me odio. Odio el cuerpo del que soy dueña y ama. Como si me lo hubieran endosado sin haber podido escoger, no teniendo más opciones o posibilidades que practicando un ejercicio de conformismo bastante desagradable. 
   Nunca he sabido ser conformista.
   Y me odio.
   Pero no del mismo modo del que podía odiar a las niñas cursis y repelentes del colegio, aquellas que cantaban por Laura Pausini mientras le hacían ojitos a algún compañero. No. Es más intenso, menos soluble e instantáneo. Es como un amigo invisible que me acompaña siempre, sin intención de abandonarme. 
   
   Cuando lo intentas hablar con alguien que se cree muy equilibrado, éste siempre finge ser un sucedáneo de psicologo y te espeta un "¿cómo vas a querer a alguien o, esperar que  alguien te quiera a ti, si tú no lo haces por ti misma?", y tú te quedas con los ojos abiertos y sin saber qué responder que no sea ese triste y tímido "ya" que te sale con la boca chica.
   Maldita demagogia. no todo es tan simplista ni tan redundante.

   La verdad, la realidad no es unidimensional. No tiene una sola cara. 
   Para mí se asemeja más a un dado, que tiene 6. Todos sus lados son reales y existentes y podemos verlos gracias a la objetividad que pongamos en darle vueltas, pero nunca podemos ver más de 3 lados a la vez. NUNCA.
   
   Yo me doy asco, siento odio hacia mi misma y no me quiero o no estoy satisfecha debido a la imagen que proyecto. Hasta el punto de que si me miro en el espejo con detenimiento las lágrimas acuden a mis ojos.
   Pero, a su vez, sé que en mí hay fuerza y determinación para luchar contra esa parte de mi misma. Que hay medios, que soy inteligente y que yo puedo con esto y mucho más. 
   
   El odio está hypervalorado. La gente escucha o lee la palabra odio y se incomoda. No hay nada peor que el odio. Suprimamos el odio. Cuando la realidad es que como en todo, el problema son los excesos. Un exceso de odio puede ser fatal, letal incluso. Ahora, el mismo loco también puede matar por un exceso de amor, no jodamos. 
   En ningún caso defiendo que se pueda hacer daño a los demás en nombre de ningún sentimiento, es solo que considero que el odio es un sentimiento natural en el hombre, igual que lo es el cariño, la fraternidad, la envidia, los celos, etc. Y cada cual hace propios unos sentimientos para consigo y para con el mundo.
   
   Nunca voy a poder quererme siendo una bola gorda.
   Cuando más me quise fue cuando ser Ana era mi política de vida. Y no me odiaba sino que pensaba que era maravillosa.
   
   El odio formará parte de mi vida como carburante para alcanzar mis metas. Y por esto, gente del mundo, es por lo que el odio no tiene por qué ser malo.


   

lunes, 5 de marzo de 2012

La suerte de tener suerte


   Hay gente con suerte. 
   No digo que haya gente con buena suerte.
   O mala.


   Hay gente con suerte. Y punto.


   Pongámonos en el caso de que cuatro personas quedan para cenar y jugar a las cartas y charlar.
   Para una persona ana ya es una putada tener que quedar para cenar, pero... ¿Qué sería más putada aun? QUE TENGA QUE SER McDONALLS.
   Y no siendo suficiente con esto... que la persona que tienes delante controle cada uno de los bocados que das para poder comer tus sobras. Puto carroñero.


   Bueno, reconozco que ésta, dentro de lo que cabe, es una situación que entra dentro de lo que se podría decir "normal".


   Ahora, deja de serlo cuando éstas cuatro personas se intoxican debido a que la comida, "por lo visto", estaba en mal estado, y que el día después todos se despierten para purgarse de forma violenta durante medio día y poder vivir sus asquerosas vidas como todo hijo de vecino. Excepto, claro está, nuestra suertuda amiga pro ana, que se pasa el día sin poder purgarse porque su cuerpo no quiere y ve como su estómago y barriga se inflaman hasta hacerla parecer una puñetera preñada. Y cómo no, con un terrible dolor que la impide poder moverse.
   Y como no puede cocinar, ha de hacerlo su pareja, que decide tener el día perro y que es mejor llamar a una pizza que cocinar algo saludable.


    Ah, y éste dolor y éste malestar no son suficientes por un día. Mejor dos, cada vez más inflamada y hecha mierda, para poder hacer algo que a quién no le gusta poder hacer una mañana de un lunes cualquiera: pasarse toooooda la mañana en una sala de espera, haciendo durante horas lo que su nombre indica, para que después te digan que tienes cualquier gilipollez que se soluciona con unas pastillas mágicas o una maravillosa inyección.
   
    Porque como eres una persona con suerte, te lo mereces más que nadie.







   

viernes, 2 de marzo de 2012

Vaca


   Merezco ser abofeteada. Tal vez si alguien lo hiciera podría sentir que el castigo que me estoy imponiendo sería más liviano.
   
   LA CULPA ES MUY PESADA.

   No hay nada que me la quite. No hay nada que la haga más soportable. 

   Ayer, por la noche, comí como una cerda. Y mira que el día fue genial... Hice una hora y media de gimnasio, comí la justa cantidad de hidratos y todo iban a ser proteínas. Poca cantidad. El trabajo fue genial. Encontré un par de preciosos muebles antiguos para restaurar tirados de precio. ¡Incluso tomé el sol!
   Pero al llegar a casa del trabajo, mi pareja compró un par de bolsas de patatas fritas, y al final caí... y cómo caí!! Después zampé galletas y nueces. Un desastre. Fue como un huracán incontrolable.
  Después no podía dormir. Gorda, foca, vaca, cebo, tanque,... te mereces ser así de gorda, TAN GORDA, ... y me giraba en la cama y volvía el ataque de culpabilidad. ¿Cuántas veces? Muchas durante 3 horas y media....

   Y hoy me siento re gorda. Creo que mis mofletes se han voluminizado. Siento unas ganas horripilantes de vomitar, pero no por querer provocarlo sino por la insatisfacción que  todo mi cuerpo siente.

   Iba a ir a visitar a mi madre, vive en un pueblo algo alejado de la capital, y yo no tengo coche para ir, así que solo puedo ir en transporte público. Hace ya 5 semanas que no la veo. No es que me muera de ganas de verla, pero... algo me ata a hacerlo de vez en cuando, y ya hace una par de semanas que tocaba.
   Pero he de ir al gimnasio, al menos 2 horas.
   Y quiero  empezar a restaurar una preciosa lámpara de los años 30....
   Y además, tengo miedo de ir y que empiecen, como siempre con lo de: "ay, has engoradado un poquillo ¿eh?", "¿qué pasa gordi?" o que, más sencillo aun, no se den cuenta de que he perdido "algo" en este tiempo (porque de notarse no se nota nada, y además hoy estoy hipopótama total).

Hay días en los que se hace más difícil de lo habitual... y lo peor es saber que el motivo es una misma.
Durante 3 días, restricciones a tope!!


jueves, 1 de marzo de 2012

Cuánto puede costar traicionar a Quien quieres


   Realmente no estoy casada, pero en la práctica sí lo estoy: vivo con mi pareja; me ingresan la nómina en nuestra cuenta conjunta; me recogen mis desórdenes y  hago la colada de ropa interior que no es mía; todos los calcetines, los suyos y los míos acaban en un mismo cajón y las posesiones ya han dejado de ser de una persona, son nuestras. Y en mi caso, que tengo una gran suerte en esto, somos dos que van a una. Un equipo que unen sus esfuerzos para conseguir el mismo propósito.
   No estoy casada por la pereza de tener que hacerlo... pero qué narices, ¡lo estoy!


   Parece muy idílico, dos personas que van a un mismo son y que están unidas solo por la fuerza del amor. Y debo reconocer haber tenido una suerte del carajo por la calidad de la relación, pero... (el siempre  presente y fastidioso "pero") como en toda moneda, todo tiene dos caras.
 
   Sé que nunca se me perdonaría la traición.






   ¿Qué es y qué deja de ser una traición?


  Yo nunca perdonaré que se fundamente una relación en el cariño y el respeto, y ya no solo hablo de una relación amorosa, y que por estupidez o arrogancia se me haga daño deliberadamente. A mí me cuesta mucho, hasta demasiado, confiar en la gente y darme a ella. Por lo tanto cuando lo hago, lo que más me duele es que yo quede relegada por culpa del interés propio de los demás. Preferiría no haberme entregado  entonces y haber seguido con mi vida tan tranquila.


   Por el contrario, me la sopla bastante que la gente me mienta. Yo nunca digo mentiras. Puede que esconda realidades, pero siempre es porque hay personas que te piden a gritos ser engañadas. O porque considero que por la tranquilidad y felicidad de todos es lo más conveniente.
   Pero no me importa que me mientan. Incluso me divierte pillar las mentiras estúpidas, cosa que pasa muy pocas veces: soy demasiado inocente y me trago cualquier cuento que me expliquen.


   Una infidelidad puede ser dolorosa, pero dependiendo de las circunstancias, para mí, puede ser perdonable. sin más. Soy una persona muy abierta de mente y no soy egoísta. Puede que no sea lo que más me gustara en este mundo pero podría ser feliz en una situación así. Si yo amara a mi pareja, no me engañara y la posibilidad de reciprocidad fuera real... Sería un pacto mútuo entre dos personas que se querrían.
   En esta vida cualquier opción, si es libre y aceptada vale.


   ¿Por qué duele la traición?


   Las personas, por naturaleza, somos idiotas. ¿Por qué una aclaración tan contundente? Si tú coges a cualquier persona, da igual que la conozcas que no, y le preguntas si cree que su vida está condicionada por traumas, la respuesta SIEMPRE va a ser que no. Cuando la verdad más absoluta es que sí, aunque él no sea consciente de ello.
   Cuando adquirimos uso de consciencia, las personas crecemos aprendiendo que las personas nos traicionan constantemente: la gran mentira de los Reyes Magos; el primer amor y su no funcionar por inexperiencia o por no ser correspondido; las relación entre nuestros padres, de la cual siempre nos acabamos dando cuenta de que no es para nada maravillosa o simplemente buena; la relación de nuestros padres con nosotros mismos; ...
   Toda la suma de malos ratos, por muy naturales y humanamente inevitables que son, nos crean traumas.  Yo por ejemplo no puedo soportar que nadie que no sea mi pareja me abrace, por terror a lo vulnerable que me siento. Mi pareja no puede soportar que nadie alardee de dinero pues, la mala persona de su padre no supo darle cariño de otra forma que no fuera comprando su cariño a base de regalos o efectivo.
 


   La traición nos duele cuando la situación que nos duele toca alguna fibra traumática.
   Siempre nos dolerá más si proviene de aquella persona que más allegada, la más querida.
   No deja de ser un acto egoísta. En nuestro yo, siempre pesará más el que nos hayamos sentido dolidos que los motivos que tuvieran otros para traicionarnos, aun no saber que lo estaban haciendo.
   Por eso, casi siempre que nos sentimos traicionados nos hinchamos de rabia, ira y frustración. Porque además del dolor que nos hayan podido hacer sentir se desata la caja de pandora donde teníamos encerrados los traumas.
   Si esta caja está muy cargada, es más difícil encerrarlos para trabajar el sentimiento de dolor. en cambio si la caja está medio llena, la tarea se hace más sencilla. Y ésta carga no es relativa a las experiencias pasadas, sino a cómo hayamos asimilado y trabajado tales cargas.


   Es importante ir de vez en cuando al río a lavar nuestros trapos sucios, así la colada no se nos va acumulando.





 
   En mi caso, que tengo una relación en apariencia tan genial, y de la que puedo estar tan orgullosa, he de reconocer que en muchos, demasiados aspectos me es opresiva debido a lo fácil que puede ser traicionar a la otra persona.
   Es una persona muy sensible, y siempre ha sentido dolor por todas las cosas que no han ido bien, que en su caso han sido muchas.
   Traicionarle puede ser hasta respirar para otro lado donde esta persona no se encuentre.


   No sabe que soy Ana. Nunca lo ha sabido en 8 años, y no quiero que lo sepa ahora, porque sé cuán traicionada se sentirá. Y sé cómo se preocuparía, se enfadaría y qué movimientos haría.
   Me agobio solo de pensarlo. Sé que acabaría apoyándome y luchando porque dejara de selo, pero la primera instancia sería agredirme psicologicamente. Y claro, tengo miedo, porque ni quiero hacerle sentir herida ni tener que vivir las consecuencias de tal daño.


   Antes, con mi madre era sencillo. Disimular no exigía tanto como ahora. Claro que de vez en cuando me daba la brasa con el "a ver si es que vas a ser anoréxica", y yo le espetaba un "cómo voy a serlo si me hincho a donnetes?!" y ale, ahí se zanjaba el asunto, fuera verdad o no. Y disimular el no comer era tan fácil como decirle que cenaba fuera, o que había merendado mucho, cualquier cosa. O si me sentía triste, agobiada o histérica me encerraba en mi habitación a bailar o a llorar o a dibujar o escribir.


  La convivencia con la pareja te quita toda posible intimidad.
  Tengo que ir con mucho cuidado, porque ya no soy una adolescente con las excentricidades propias de la edad, y hay actitudes que huelen y son difíciles de disimular.
   Disimular se ha de convertir en un arte... y el engaño se convierte en una sarta de mentiras, una detrás de otra. Y vives con obsesión y estrés... siempre borrando el historial del pc, siempre vigilando cuando no te prestan atención para deshacerte de la cena, siempre controlando que todas las puertas de y hacia Ana se queden cerradas y escondidas. 


   Pero lo que más me duele es pensar que me descubran y quieran o puedan arrebatarme a Ana. No voy a permitirlo, cueste lo que cueste.







lunes, 27 de febrero de 2012

Fuerza de voluntad

  
 Desde un año para acá me gusta cuidarme. Me es imprescindible.
   No utilizo productos que no sean sanos, saludables y buenos tanto para mi cuerpo como para el medio que me envuelve. Hasta el champú ha de ser un artículo sin sulfatos de mineral y una cantidad de químicos muy baja o nula. Para el cuerpo no utilizo ni jabón... en el fondo te quema la piel, y realmente no es necesario... hay alternativas igual de efectivas que no son tóxicas. Claro que el envase no es atractivo ni te dan ganas de comprarlo, pero son remedios naturales para toda la mierda con la que nos bombardean.

   Con la comida ocurre algo semejante. Por lo general no me gusta comer mierda. Es decir, prefiero que lo que me meto en el cuerpo sea de calidad y pensando siempre desde el punto de vista: "Esto es lo que mi cuerpo necesita". Pero, igual que adquirir unos hábitos con toda la higiene y artículos varios me ha resultado fácil, soportable y que hasta me hincha de orgullo, con la comida y la alimentación es más difícil. Son hábitos mucho más arraigados...

   Por ejemplo, siempre he sido una adicta al chocolate. Me chifla. Hasta el punto de levantarme de la cama a las 3 de la madrugada para ir a una gasolinera a comprar donnuts bañados en chocolate. Una friki, lo sé.
   He sido adicta a él incluso siendo Ana. Solo que cuando era joven tenía un metabolismo mucho más rápido que el actual y, por lo general, casi no comía.

   Los nuevo hábitos no incluyen éste elemento en mi nueva dieta, obviamente. Como tampoco una gran lista de alimentos que por lo general me gusta comer... a diario. No es que me desagrade comer lo que ahora llena la nevera, solo que es más soso o aburrido. No es tan atractivo al paladar. Y no da lugar ni a atracones ni a picoteos. 
    
   El problema es la ansiedad.

   Si sumas el crecer, un pasado triste que crees que es mejor dejar a un lado y te atormenta de vez en cuando, la insatisfacción de tu existencia y el aburrimiento de la rutina el resultado es ANSIEDAD. Y puede que sea en un estado permanente, intermitente o en momentos o ratos esporádicos. La mía es la última.
   Por lo general ni me entero de que es ella. Solo siento una necesidad imperiosa de engullir hidratos de carbono y azúcar: Donnuts, Croisants de chocolate, Bizcocho, un Big Mac,... Me obsesiono hasta llegar a la angustia. El mundo deja de existir y la idea latente de morderlo, de aplastarlo con la lengua y tragarlo es tan intensa que casi siempre cedo y caigo.
   
   El problema es escoger el camino fácil.


   Todo es una cuestión de lucha. Antes, me dejaba vencer antes de pelear porque era el camino fácil... Es más cómodo meterte entre pecho y espalda un menú completo del chino aceitoso a domicilio sin casi ni masticarlo, mientras ves un maratón de películas que decir "NO". Mentalmente es una ardua guerra. Porque es cuando estalla la ansiedad con sus caprichos. Y, como un padre cansado acabas cediendo.


   ¿Qué es lo que pasa realmente?
   Que la verdad más absoluta es que como en la guerra, si batallas y acabas ganando te sentirás más fuerte. Y así el siguiente enfrentamiento te será más sencillo. Solo hace falta ser un gran estratega, buscar razones de peso y utilizarlo todo de un modo inteligente. 
   Al final el cuerpo no es más que una máquina... una herramienta que adquiere los ritmos y funciones que nosotros le vayamos ordenando. Hay que cuidarlo y mantenerlo, pero saber cómo hacerlo es un elemento clave.


  
*Este fin de semana declaré la guerra, y llevo 2 días de batallas ganadas. Me siento muy satisfecha, feliz y animada. Me siento muy deshinchada y con ganas de enfrentarme muchas veces más.
   Me es imprescindible la ayuda del gimnasio... Cada día he estado haciendo una media de 90 minutos al día. Es un gran aliado contra la ansiedad... Te carga las pilas, te hincha de buen humor y satisfacción personal y además, te disminuye el nivel de ansiedad.


:)





sábado, 25 de febrero de 2012

Again

  
   Me he hecho mayor. No sé cuándo, ni de que modo, pero me he hecho mayor. Sin darme cuenta, sin poder rectificarlo.
   Me he hecho mayor y no estoy satisfecha. No de la vida en si, sino de mi misma. Ya ni me miro en el espejo por el miedo que me da no reconocerme. No puede ser cierto que la persona que me mira desde el otro lado del cristal sea yo. Y si respiro hondo un par de veces no tengo más remedio que reconocerme y sentir una necesidad enorme de apiadarme de mi misma. Por lo que me he hecho, por la falta de amor propio que me profeso, por haber conseguido hacer que se me vea con tan poca gracia y tan fea y tan gorda...


   Y me pregunto... ¿Desde cuando? Yo, no hace tampoco tanto, era una princesa. Un ser bello, que emanaba energía, que se sentía vivo con su fuerza y voluntad. No hasta el punto de enfermar por llegar a los máximos extremos, pero sí como para sentirme emocionada cada vez que me miraba al espejo o iba a comprar ropa con amigas o salía a tomar copas con un modelito que solo un cuerpo de princesa podía permitirse. Y ahora... hasta he dejado de hacer todas aquellas cosas que tanto me había gustado hacer por verme y sentirme así.


   Hace un mes decidí volver a ser amiga de Ana. 
   Ella fue la que me acompañó durante toda mi adolescencia y parte de mi juventud. Mía era más complicada... nunca me gustó su estilo y nunca la quise en mi vida. Pero Ana me acompañaba a todas partes y me entendía y apoyaba en cada uno de mis propósitos... Tenerla a mi lado me hacía sentir más fuerte y capaz.
   Al ir cumpliendo años, mi vida se volvió sumamente en un acto difícil, duro y desagradable. Al principio luchaba por salir de "X" situaciones, pero poco más tarde me di por vencida y me convertí en una chica alcoholica y drogadicta. Dos vicios que me acompañaron durante más de un año y por los que luché por salir. Ahora ya llevo más de 4 años limpia, pero el precio que pagué por abandonarlo todo fue muy alto: dejé de ser la persona que había sido. En casi todos los aspectos. Y Ana ya hacía tiempo que había desaparecido, no le dejé espacio ni lugar en mi existecia. 


  Empecé a engordar sin ni darme cuenta siquiera. Y ahora que soy consciente de ello, me doy cuenta de cuánto la hecho de menos. Y estoy intentando reconciliarme con ella pero éste es un acto muy difícil.


   Estos años de amistad rota me han dado la capacidad de disponer de dos tipos de conciencia distintos. Una, la del uso gastado, es la que cuando el cuerpo me exige el consumo de bizcochos, chocolates, pizza, McDonalls,... hace que el camino para adquirirlos y consumirlos sea extremadamente fácil y factible. La otra, la que se asemeja a una directriz exigente, es la que se pasa el día diciendo que NO, NO y NO.
   Sinceramente, siempre elegiré a esta última cuando me pregunten a cual de estas dos prefiero como compañera en el camino, pero... la primera muchas veces es quien domina la situación, y es la parte de mí que he decido erradicar... Ana debe ocupar su lugar. Después ya actuará con las cantidades, y con la erradicación de comidas y todo lo que todas sabemos, ... Pero todo tiene su proceso.




   Estoy contenta de haber visto y darle cabida de nuevo a Ana. Seguro que nos perdonaremos y seremos felices juntas de nuevo. Que me haya hecho mayor no significa que aun no sea joven y bonita.
   :)