Ésta es mi historia. Fui una bella princesa a la que la vida descoronó. Ahora he decido reconquistar mi tesoro. Y solo estoy aquí para compartirla con todos.
sábado, 25 de febrero de 2012
Again
Me he hecho mayor. No sé cuándo, ni de que modo, pero me he hecho mayor. Sin darme cuenta, sin poder rectificarlo.
Me he hecho mayor y no estoy satisfecha. No de la vida en si, sino de mi misma. Ya ni me miro en el espejo por el miedo que me da no reconocerme. No puede ser cierto que la persona que me mira desde el otro lado del cristal sea yo. Y si respiro hondo un par de veces no tengo más remedio que reconocerme y sentir una necesidad enorme de apiadarme de mi misma. Por lo que me he hecho, por la falta de amor propio que me profeso, por haber conseguido hacer que se me vea con tan poca gracia y tan fea y tan gorda...
Y me pregunto... ¿Desde cuando? Yo, no hace tampoco tanto, era una princesa. Un ser bello, que emanaba energía, que se sentía vivo con su fuerza y voluntad. No hasta el punto de enfermar por llegar a los máximos extremos, pero sí como para sentirme emocionada cada vez que me miraba al espejo o iba a comprar ropa con amigas o salía a tomar copas con un modelito que solo un cuerpo de princesa podía permitirse. Y ahora... hasta he dejado de hacer todas aquellas cosas que tanto me había gustado hacer por verme y sentirme así.
Hace un mes decidí volver a ser amiga de Ana.
Ella fue la que me acompañó durante toda mi adolescencia y parte de mi juventud. Mía era más complicada... nunca me gustó su estilo y nunca la quise en mi vida. Pero Ana me acompañaba a todas partes y me entendía y apoyaba en cada uno de mis propósitos... Tenerla a mi lado me hacía sentir más fuerte y capaz.
Al ir cumpliendo años, mi vida se volvió sumamente en un acto difícil, duro y desagradable. Al principio luchaba por salir de "X" situaciones, pero poco más tarde me di por vencida y me convertí en una chica alcoholica y drogadicta. Dos vicios que me acompañaron durante más de un año y por los que luché por salir. Ahora ya llevo más de 4 años limpia, pero el precio que pagué por abandonarlo todo fue muy alto: dejé de ser la persona que había sido. En casi todos los aspectos. Y Ana ya hacía tiempo que había desaparecido, no le dejé espacio ni lugar en mi existecia.
Empecé a engordar sin ni darme cuenta siquiera. Y ahora que soy consciente de ello, me doy cuenta de cuánto la hecho de menos. Y estoy intentando reconciliarme con ella pero éste es un acto muy difícil.
Estos años de amistad rota me han dado la capacidad de disponer de dos tipos de conciencia distintos. Una, la del uso gastado, es la que cuando el cuerpo me exige el consumo de bizcochos, chocolates, pizza, McDonalls,... hace que el camino para adquirirlos y consumirlos sea extremadamente fácil y factible. La otra, la que se asemeja a una directriz exigente, es la que se pasa el día diciendo que NO, NO y NO.
Sinceramente, siempre elegiré a esta última cuando me pregunten a cual de estas dos prefiero como compañera en el camino, pero... la primera muchas veces es quien domina la situación, y es la parte de mí que he decido erradicar... Ana debe ocupar su lugar. Después ya actuará con las cantidades, y con la erradicación de comidas y todo lo que todas sabemos, ... Pero todo tiene su proceso.
Estoy contenta de haber visto y darle cabida de nuevo a Ana. Seguro que nos perdonaremos y seremos felices juntas de nuevo. Que me haya hecho mayor no significa que aun no sea joven y bonita.
:)
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