Hay gente con suerte.
No digo que haya gente con buena suerte.
O mala.
Hay gente con suerte. Y punto.
Pongámonos en el caso de que cuatro personas quedan para cenar y jugar a las cartas y charlar.
Para una persona ana ya es una putada tener que quedar para cenar, pero... ¿Qué sería más putada aun? QUE TENGA QUE SER McDONALLS.
Y no siendo suficiente con esto... que la persona que tienes delante controle cada uno de los bocados que das para poder comer tus sobras. Puto carroñero.
Bueno, reconozco que ésta, dentro de lo que cabe, es una situación que entra dentro de lo que se podría decir "normal".
Ahora, deja de serlo cuando éstas cuatro personas se intoxican debido a que la comida, "por lo visto", estaba en mal estado, y que el día después todos se despierten para purgarse de forma violenta durante medio día y poder vivir sus asquerosas vidas como todo hijo de vecino. Excepto, claro está, nuestra suertuda amiga pro ana, que se pasa el día sin poder purgarse porque su cuerpo no quiere y ve como su estómago y barriga se inflaman hasta hacerla parecer una puñetera preñada. Y cómo no, con un terrible dolor que la impide poder moverse.
Y como no puede cocinar, ha de hacerlo su pareja, que decide tener el día perro y que es mejor llamar a una pizza que cocinar algo saludable.
Ah, y éste dolor y éste malestar no son suficientes por un día. Mejor dos, cada vez más inflamada y hecha mierda, para poder hacer algo que a quién no le gusta poder hacer una mañana de un lunes cualquiera: pasarse toooooda la mañana en una sala de espera, haciendo durante horas lo que su nombre indica, para que después te digan que tienes cualquier gilipollez que se soluciona con unas pastillas mágicas o una maravillosa inyección.
Porque como eres una persona con suerte, te lo mereces más que nadie.

No hay comentarios:
Publicar un comentario