Desde un año para acá me gusta cuidarme. Me es imprescindible.
No utilizo productos que no sean sanos, saludables y buenos tanto para mi cuerpo como para el medio que me envuelve. Hasta el champú ha de ser un artículo sin sulfatos de mineral y una cantidad de químicos muy baja o nula. Para el cuerpo no utilizo ni jabón... en el fondo te quema la piel, y realmente no es necesario... hay alternativas igual de efectivas que no son tóxicas. Claro que el envase no es atractivo ni te dan ganas de comprarlo, pero son remedios naturales para toda la mierda con la que nos bombardean.
Con la comida ocurre algo semejante. Por lo general no me gusta comer mierda. Es decir, prefiero que lo que me meto en el cuerpo sea de calidad y pensando siempre desde el punto de vista: "Esto es lo que mi cuerpo necesita". Pero, igual que adquirir unos hábitos con toda la higiene y artículos varios me ha resultado fácil, soportable y que hasta me hincha de orgullo, con la comida y la alimentación es más difícil. Son hábitos mucho más arraigados...
Por ejemplo, siempre he sido una adicta al chocolate. Me chifla. Hasta el punto de levantarme de la cama a las 3 de la madrugada para ir a una gasolinera a comprar donnuts bañados en chocolate. Una friki, lo sé.
He sido adicta a él incluso siendo Ana. Solo que cuando era joven tenía un metabolismo mucho más rápido que el actual y, por lo general, casi no comía.
Los nuevo hábitos no incluyen éste elemento en mi nueva dieta, obviamente. Como tampoco una gran lista de alimentos que por lo general me gusta comer... a diario. No es que me desagrade comer lo que ahora llena la nevera, solo que es más soso o aburrido. No es tan atractivo al paladar. Y no da lugar ni a atracones ni a picoteos.
El problema es la ansiedad.
Si sumas el crecer, un pasado triste que crees que es mejor dejar a un lado y te atormenta de vez en cuando, la insatisfacción de tu existencia y el aburrimiento de la rutina el resultado es ANSIEDAD. Y puede que sea en un estado permanente, intermitente o en momentos o ratos esporádicos. La mía es la última.
Por lo general ni me entero de que es ella. Solo siento una necesidad imperiosa de engullir hidratos de carbono y azúcar: Donnuts, Croisants de chocolate, Bizcocho, un Big Mac,... Me obsesiono hasta llegar a la angustia. El mundo deja de existir y la idea latente de morderlo, de aplastarlo con la lengua y tragarlo es tan intensa que casi siempre cedo y caigo.
El problema es escoger el camino fácil.
Todo es una cuestión de lucha. Antes, me dejaba vencer antes de pelear porque era el camino fácil... Es más cómodo meterte entre pecho y espalda un menú completo del chino aceitoso a domicilio sin casi ni masticarlo, mientras ves un maratón de películas que decir "NO". Mentalmente es una ardua guerra. Porque es cuando estalla la ansiedad con sus caprichos. Y, como un padre cansado acabas cediendo.
¿Qué es lo que pasa realmente?
Que la verdad más absoluta es que como en la guerra, si batallas y acabas ganando te sentirás más fuerte. Y así el siguiente enfrentamiento te será más sencillo. Solo hace falta ser un gran estratega, buscar razones de peso y utilizarlo todo de un modo inteligente.
Al final el cuerpo no es más que una máquina... una herramienta que adquiere los ritmos y funciones que nosotros le vayamos ordenando. Hay que cuidarlo y mantenerlo, pero saber cómo hacerlo es un elemento clave.
*Este fin de semana declaré la guerra, y llevo 2 días de batallas ganadas. Me siento muy satisfecha, feliz y animada. Me siento muy deshinchada y con ganas de enfrentarme muchas veces más.
Me es imprescindible la ayuda del gimnasio... Cada día he estado haciendo una media de 90 minutos al día. Es un gran aliado contra la ansiedad... Te carga las pilas, te hincha de buen humor y satisfacción personal y además, te disminuye el nivel de ansiedad.
:)
El problema es escoger el camino fácil.
Todo es una cuestión de lucha. Antes, me dejaba vencer antes de pelear porque era el camino fácil... Es más cómodo meterte entre pecho y espalda un menú completo del chino aceitoso a domicilio sin casi ni masticarlo, mientras ves un maratón de películas que decir "NO". Mentalmente es una ardua guerra. Porque es cuando estalla la ansiedad con sus caprichos. Y, como un padre cansado acabas cediendo.
¿Qué es lo que pasa realmente?
Que la verdad más absoluta es que como en la guerra, si batallas y acabas ganando te sentirás más fuerte. Y así el siguiente enfrentamiento te será más sencillo. Solo hace falta ser un gran estratega, buscar razones de peso y utilizarlo todo de un modo inteligente.
Al final el cuerpo no es más que una máquina... una herramienta que adquiere los ritmos y funciones que nosotros le vayamos ordenando. Hay que cuidarlo y mantenerlo, pero saber cómo hacerlo es un elemento clave.
*Este fin de semana declaré la guerra, y llevo 2 días de batallas ganadas. Me siento muy satisfecha, feliz y animada. Me siento muy deshinchada y con ganas de enfrentarme muchas veces más.
Me es imprescindible la ayuda del gimnasio... Cada día he estado haciendo una media de 90 minutos al día. Es un gran aliado contra la ansiedad... Te carga las pilas, te hincha de buen humor y satisfacción personal y además, te disminuye el nivel de ansiedad.
:)

Genial, niña.. Segui asi :)
ResponderEliminarLa actitud es algo muy importante a la hora de enfrentar los dias y de generar un cambio. Lo mas importante es tu bienestar, no tanto fisico sino emocional.
Que andes bien.
Un beso.
Ah y muchas gracias por destacarme entre los blogs que te gustan. Me siento importante! jaajja
ResponderEliminar:) gracias
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